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Explorando el mundo emocional de quienes nos rodean

Guzman Psychotherapy

En una publicación anterior estuvimos revisando nuestras emociones y como gestionarlas de forma adecuada con el fin favorecer las relaciones interpersonales. Dentro de este mismo esquema de pensamiento se hace necesario mirar la contraparte, es decir, debemos aprender a explorar el mundo emocional de las personas que se encuentran a nuestro alrededor; así como decimos o escuchamos con frecuencia “cada persona es mundo”, pasa algo similar con la emocionalidad de cada individuo, la cual debe ser entendida y respetada, aunque en algunas ocasiones no se comparta.

De lo anterior se desprende el concepto de validación emocional, según la terapeuta española Yvonne Laborda: “Validar es aceptar y dar por valido aquello que otra persona (adulto o niño) está sintiendo tanto si estamos de acuerdo o no con su punto de vista o sus sentimientos. Validar es el arte de poder empatizar y comprender lo que otra persona siente”. En otras palabras, cuando practicamos la validación, le damos la importancia que le corresponde a lo que experimenta emocionalmente el otro y lo asumimos como algo que merece ser tomado en cuenta.

Cuando se asume como un hábito de vida el poder validar las emociones de los demás, estamos construyendo relaciones basadas en la confianza, lo que hace que los vínculos afectivos sean más fuertes, por otro lado, se produce una disminución de las tendencias al aislamiento porque ese otro se siente motivado a vivenciar y aceptar sus propias emociones. Es importante aclarar que esta habilidad se debe trabajar no solo a nivel de relaciones sociales sino de las familiares.

Seguramente, se estarán preguntando como favorecer esa validación emocional, a continuación, les dejo algunos sencillos pasos que pueden emplear para iniciar o continuar dándole sentido a las emociones de los demás:

  • Deja que la otra persona exprese libremente como se siente, no la interrumpas, utiliza la escucha activa y mantén tu atención enfocada en la conversación.
  • Trata de mantener contacto visual, observa los gestos, cambios en el tono de voz.
  • Hazle sentir que la entiendes y comprendes como se siente, más allá de si estas o no de acuerdo con sus reacciones.
  • No manifiestes tu punto de vista, evitar dar consejos, ni intentes cambiar la visión de la situación.
  • Solo si el otro lo solicita o te lo pregunta, comenta tu percepción de lo que sucede.
  • Asimila y valida tu propia incomodidad frente al malestar el otro, pero sin que ello implique cambios en los sentimientos de esa persona, en este caso es importante no hacer comentarios como: “esas son bobadas, no le prestes atención a eso, estas exagerando, no tiene importancia, etc.”

Es un factor protector el que podamos validar las emociones de los niños, ya que la aceptación total de los sentimientos de los que están en proceso de desarrollo les facilitará la identificación, gestión y expresión de estas. Cuando no lo hacemos, se pueden generar en el menor síntomas de ansiedad, irritabilidad e inseguridad debido a que percibe que los adultos evadimos con indirectas aquellas situaciones que les generar dolor o rabia y por ende los invalidamos.

El ejecutar acciones de validación de las emociones implica una demostración de solidaridad y empatía dentro de las relaciones humanas, es posible acompañar a los demás a descurbrirse como individuo sin que sienta temor de su mundo emocional, logrando que nombren sus emociones de forma clara sin que se conviertan en “algo que es mejor esconder”. Como miembros de una sociedad, estamos llamados a “colocarnos en el lugar del otro”, cuando hacemos esta conexión el resultado es un entorno más humano, amable y generoso.

El que nuestro entorno (familiar, laboral, social) acepte nuestra dimensión emocional tal como la vivimos, nos hace sentir acompañados y saber que hay alguien presente en nuestros eventos incomodos; proporcionándonos seguridad, protección, respeto y estima.

“Casi todas las cosas buenas que suceden en el mundo nacen de una actitud de aprecio por los demás”

Dalai Lama