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La vida después de la cuarentena

Guzman Psychotherapy

De todos es conocido que la pandemia de coronavirus trastoco la vida tal y como la conocíamos. Vemos como los gobiernos continúan estableciendo precauciones sanitarias para disminuir el número de contagios, las economías a nivel global van en deterioro, cambiando la manera en la veníamos acostumbrados a vivir.

Poco a poco nos fuimos convirtiendo en actores de una serie de eventos que han incluido desde el confinamiento (total o parcial) de casi la cuarta parte de los 7.800.000 millones de pobladores de la tierra, hasta el cierre de fronteras, aeropuertos, hoteles y todo tipo de negocios; esta crisis ha generado consecuencias de todo tipo que pueden estar siendo el punto de partida de alteraciones emocionales en muchos seres humanos.

Es imposible negar el desgaste psicológico que puede llegar a afectar la salud mental, a partir de todos los eventos antes mencionados. Surgen entonces varios interrogantes: el primero de ellos y quizás el más obvio sería cuales son los síntomas o sentimientos asociados a esos conflictos emocionales, mencionaremos solo algunos de ellos:

  • Se mantiene en estado de alerta, analizando sus sensaciones corporales, e interpretándolas como síntomas de enfermedad, siendo los signos normales habituales.
  • Le cuesta controlar su preocupación y pregunta persistentemente a sus familiares por su estado de salud, advirtiéndoles de los graves peligros que corren cada vez que salen del domicilio.
  • Percibe un aumento del ritmo cardíaco, respiración acelerada (hiperventilación), sudoración, temblores sin causa justificada.
  • Presenta problemas para tener un sueño reparador.
  • Necesita estar permanentemente viendo y oyendo informaciones sobre este tema.
  • Tiene dificultad para concentrarse o interesarse por otros asuntos.
  • Le cuesta desarrollar sus labores cotidianas o realizar su trabajo adecuadamente; el miedo le paraliza y le impide salir a la calle.
  • Aparece entonces la segunda pregunta, como afrontar de forma positiva no solo los pensamientos negativos si no el volver a salir a trabajar o regresar a actividades de todo tipo de la vida diaria. En primer lugar, es necesario reconocer que, si bien el miedo y la preocupación seguirán presentes por mucho tiempo, también es cierto que la esperanza, la resiliencia y otras características inherentes al individuo serán fundamentales en la búsqueda de un equilibrio que nos permita enfrentar la vida de manera que se puedan superar lo más asertivamente posible estos obstáculos.

    En general, la mayoría de las personas son capaces de superar cualquier cosa, sin embargo, la adaptación a nuevas normas sociales puede que en este momento no llegue tan rápido como se desearía. Por ejemplo, sin una vacuna, la realidad es que, aunque las medidas de mitigación no sean tan estrictas, habrá que seguir manteniendo distanciamiento social de algunas maneras para disminuir el riesgo de enfermar. Por otro lado, en iglesias, escuelas, oficinas, empresas hay reglas estrictas para que la gente pueda regresar a su rutina diaria, sin embargo; se vuelve esencial el auto cuidado y la responsabilidad individual. Queda claro entonces, que necesitaremos tiempo para retomar los ritmos habituales de desempeño.

Por otro lado, veníamos acostumbrados a vivir de forma acelerada y casi que frenética, de pronto nos vino obligados a detenernos lo que generó una especie de confusión emocional. Muchos pueden experimentar pensamientos de que se encuentran viviendo “como dentro de una película o en un mal sueño”. Es importante, darle el significado que merece esta etapa de nuestras vidas, comprendiendo la trascendencia de lo experimentado para integrarlo y articularlo a nuestra historia personal. Es decir, trabajar en la construcción de aprendizajes significativos.

Hay que estar claros que no existen fórmulas mágicas para afrontar con éxito el estrés y la incertidumbre que acompañan estos días y los venideros. Lo mismo sucede o está próximo a ocurrir con la vuelta a la cotidianidad. Es recomendable la construcción de espacios de auto cuidado, pero sin exigencias demasiado altas en principio; no se puede pretender comportarnos como antes, porque de hecho no es así. Todo cambio y nosotros también, así que debemos ser mental y emocionalmente más flexibles.

En la medida en que seamos capaces de identificar y expresar lo que pensamos o sentimos logramos aliviar en parte el malestar dado que ayuda en la aceptación y en el procesamiento saludable de estos aspectos. Reforzar las conexiones con amigos, familiares no solo reconforta y nos hace sentir parte de una comunidad que vivió un evento extraordinario.

Adaptarnos e incorporar las experiencias de esta época conllevara un tiempo. Aun así, es posible que suceda seamos incapaces de sentirnos como antes. Si pasadas algunas semanas de levantada la cuarentena persisten sensaciones de malestar, ansiedad o miedo o si estos son percibidos como demasiado intensos como para impedir el reintegro a la rutina, es el momento de pedir ayuda profesional, la intervención temprana es clave.

Finalmente, el ultimo cuestionamiento a plantear, estaría relacionado con recomendaciones sencillas para el diario vivir, dentro de ella destacamos las siguientes:

  • Mantenga una actitud optimista y objetiva. Usted es fuerte y capaz.
  • Lleve a cabo los hábitos adecuados y de higiene y prevención que recomienden las autoridades sanitarias.
  • Ayude a su familia y amigos a mantener la calma y a tener un pensamiento adaptativo a cada situación.
  • Acuda a fuentes oficiales y busque información contrastada por expertos: Ministerio de Sanidad, Colegios Profesionales Sanitarios, Organismos Oficiales, OMS, etc.
  • Procure hacer vida normal y continuar con sus rutinas.
  • Tenga cuidado con las conductas de rechazo, estigma y/o discriminación. El miedo puede hacer que nos comportemos de forma impulsiva, rechazando o discriminando a ciertas personas.

Recuerde siempre; no se agobie, la vida no es una película de ficción con un mensaje, simplemente viva buscando aquello que lo mantenga en síntoma consigo mismo y su entorno.