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Reflexiones sobre el perdonar

Guzman Psychotherapy

El perdón es uno de los principios en las relaciones con otras personas, es un paso en la adquisición de un espíritu tranquilo y sosegado.

El convivir con alguien requiere tener la capacidad de pedir perdón y perdonar.

Cuando reconocemos que somos débiles y que frecuentemente cometemos errores, nos permitimos avanzar en el crecimiento personal, podemos ayudarnos a levantarnos mutuamente, a ser sensibles al dolor del otro y al dolor propio frente a una equivocación.

Todas las personas desde que nacen experimentan de alguna manera el dolor por la falta de algo, desde que la madre se ausenta por instantes hasta la colocación de límites que restringen la gratificación; luego en etapas posteriores algunas personas viven la falta de aprobación, afirmación, reconocimiento, rechazo, humillaciones e injusticia de los padres, docentes, familiares, compañeros y de la sociedad.

Situaciones que con el tiempo dejan heridas que perduran por años, pero solo el perdonar y pedir perdón alivia, restaura y sana las heridas. Nadie puede hacernos tanto daño como a aquellos que deberían amarnos y no hay dolor que destruya más que aquel que viene de los familiares.

Frente a las heridas se puede reaccionar de diferentes formas, desde las agresiones físicas, verbales hasta los rencores, resentimientos, venganza, desesperación, recelos, es aún más doloroso cuando una persona endurece su corazón para no sufrir más. Solo en el perdón pueden surgir nuevas oportunidades, el perdón consiste en renunciar a la venganza y a no volver a resentir, es decir a sentir varias veces el mismo malestar que produce el sufrimiento.

El perdonar no consiste en no ver el daño o disimularlo, tampoco dejar pasar o evitar el conflicto llevando a toda costa un ambiente armonioso tapando la verdad, es necesario generar espacios que permitan el diálogo y hasta reacciones de rabia frente a una situación específica.

El quedarse callado lleva a una aparente paz, a no mostrar el mal y a crear una falsa tranquilidad que con el pasar del tiempo genera mayores repercusiones en la relación, el callar, es renunciar a la propia libertad de expresar lo que se piensa y se siente, es perder la autenticidad. El callar es vivir con el dolor que carcome y hace daño por años, en cambio el hablar libera de las cadenas que atan al sufrimiento.

Quien perdona reconoce que hay una injusticia y no se cierra a ver el mal, porque si así fuera no tendría nada que perdonar. La injusticia duele y deja heridas, para poder sanarlas hay que verlas.

El mal hecho debe ser reconocido y en lo posible reparado, para que al ser recordado no se repitan y se evoquen como perdonado.